El vientre hinchado
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El vientre hinchado

El volumen de gas presente en el tubo digestivo depende del equilibrio entre las causas de producción de gases (deglución, reacciones químicas en estómago e intestino, difusión, fermentación) y los mecanismos con que estos se eliminan (eructación, difusión a través de la pared de las vísceras huecas y la introducción en la sangre, consumo, flatulencia). Si los mecanismos de producción superan a los de eliminación aparece la hinchazón. Diferentes estudios han demostrado que la hinchazón que se percibe como una “sensación molesta” y la “hinchazón real” (la distensión abdominal que puede medirse, por ejemplo, con una cinta métrica) no siempre coinciden, ya que algunas personas manifiestan sentirse “hinchadas” cuando el contenido real de gases es completamente normal, y al contrario, puede existir un aumento real del contenido de gases en el estómago y en el intestino sin que esto se perciba como una molestia.

La sensación de hinchado puede deberse a distintos factores, por ejemplo a un estado de ansiedad (que aumenta la percepción de todo aquello que “no va” incluso si se trata de una minucia), o a la incapacidad del intestino para soportar su contenido de gases sin dolor, etc. No siempre es fácil resolver este problema y comprender que se trata de un estado completamente benigno, aunque resulte molesto, o de un síntoma que acompaña a una enfermedad grave. A esta labor ayuda la detección de “señales de alerta” ,es decir, de otros posibles trastornos que si se presentan junto al síntoma “hinchazón” deben explicarse al Médico, puesto que podrían ser signos de una enfermedad.

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Las “señales de alerta”

•Dolor abdominal recurrente o persistente
•Sangre en las heces o heces negras (melena)
•Diarrea persistente
•Síntomas generales como pérdida de peso involuntaria, cansancio injustificado, palidez cutánea, falta de apetito, febrícula persistente
•Hinchazón abdominal importante con vómito persistente o estreñimiento pertinaz

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Aparte de saber si existen o no enfermedades graves hay otra cuestión un poco más simple de resolver: entender si la hinchazón se debe o no a un problema “alto” (es decir, localizado en el estómago) o “bajo” (una hinchazón abdominal difusa de origen intestinal). Cuando la hinchazón es “alta” es posible que la sensación de “vientre hinchado” se deba más bien a un problema de mala digestión, o sea, a un trastorno de estómago con sensación de “digestión difícil y lenta”, de saciarse rápidamente, incluso tras una comida no demasiado abundante, y de tener eructación. Pero atención: como se ha visto anteriormente, la eructación ocasional es muy normal después de las comidas, pues sirve para expulsar el aire que normalmente se traga cuando se ingieren alimentos sólidos o líquidos; puede, en cambio, resultar problemática si se presenta acompañada de una mala digestión o ardor-acidez, que son signos de una posible existencia de un reflujo ácido gastroesofágico.

Cuando la hinchazón es “baja”, en cambio, el trastorno podría deberse a una mayor sensibilidad intestinal (como con el colon irritable), por lo que se siente el vientre hinchado sin que realmente hayan aumentado los gases intestinales; o bien estos en realidad han aumentado por una de las razones siguientes:

1. Ingestión excesiva de aire mientras se come, bebe, se mastica chicle o se chupan habitualmente caramelos duros. Una parte del aire que se traga de esta manera es expulsado con la eructación, otra parte (aproximadamente la mitad) pasa al estómago y después al intestino (para algunos individuos esta cantidad de aire es notable) y se elimina a través del recto.

2. Ingestión de medicamentos o sustancias que provocan la formación de gases. La producción de gases crece (con posible hinchazón abdominal) con el sorbitol y la fructosa -endulzantes que se añaden a algunos alimentos, aparte de la acarbosa (fármaco antidiabético) y la lactulosa (laxante).

3. Aumento de la ingesta de alimentos fermentables (ver Tabla 7) y variaciones de la flora intestinal. Es corriente que las personas que sufren hinchazón intestinal averigüen por su cuenta cuáles son los alimentos “culpables”. Por ello no es extraño que digan que toleran mejor el pan tostado y los grisines en lugar de pan fresco, o también las verduras cocidas y rehogadas, la fruta bien madura, el yogur natural, los quesos curados, etc.

Quienes sufren estos problemas deberían tomar la pasta caliente (evitando las ensaladas de pasta fría) y, contrariamente a lo que normalmente se piensa, mejor “en su punto” que “pasada”.

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